Vivimos de Dios, no de la Mercadotecnia

Ciertas disciplinas, en lugar de estar al servicio del ser humano, han sido utilizadas por el mal para incrementar la explotación, el abuso y la esclavitud de las personas y sus sociedades.

Desde que sales de tu casa por las mañanas ya eres víctima del engaño. Vas a una tienda a comprar un producto y, de algún modo, te sientes inquieto(a), en lo más hondo de tu ser, sabes que te están dando menos. Unas papas fritas, percibes que la bolsa está inflada de aire, y adviertes que estás pagando el kilogramo de papa a cien dólares. Pero sigues adelante, esperanzado en que algún día tendrás un mundo mejor y podrás ser el dueño de esa compañía de papas tan grande. Y subes a tu vehículo –un automóvil que con tanto esfuerzo pagaste- y de allí a la gasolinera, a llenar el tanque con combustible. Sabes que la gasolina no te rendirá mucho debido al bestial tráfico –y que tu vehículo se está devaluando, poco a poco- pero sigues avanzando, sigues creyendo que has superado todos los obstáculos y que tienes en tus manos la tecnología más eficiente del momento, sin saber que aquellos quienes pudieron haber hecho un motor de agua desde hace setenta años, no lo hicieron, precisamente para seguir vendiéndote chatarra cada vez con menos acero y un menor rendimiento, y para que sigas pagándoles por el petróleo, una sustancia que ha generado muerte y contaminación, pero tú avanzas, y después de una larga faena entre vehículos, logras llegar a tu trabajo, donde tendrás que desquitar tu salario poniendo toda tu energía y esfuerzo.

Los productos que fabrican en tu empresa, todos ellos tienen un valor agregado, y sabes muy bien en el fondo que dicho valor al que venden el producto terminado en parte es una exageración, ya que el costo de las materias primas para fabricarlos es ínfimo. Pero la ganancia se obtiene gracias a la mercadotecnia, una ciencia mal utilizada, aprovechada para inflarlo todo, para hacer que los productos brillen y adquieran un valor superior, brindándoles atributos que personas muy exitosas han denominado importantes... empaque, "calidad”, marca… Logras salvar dos o tres situaciones difíciles durante la jornada de trabajo (varios compañeros tuyos, cuya mentalidad es burocrática, te hicieron la vida de cuadritos) y, en cada llamada telefónica, tienes que lidiar con un mundo en extremo complicado: requisitos, trámites, procedimientos, impuestos, papeleo, todo eso creado para hacerte llevar controles que incrementan aún más el costo de los productos; todos esos requisitos que a los seres humanos nos encanta cargar, y que son completamente improductivos y representan una manera de complicar aún más las cosas para que alguien se lleve su tajada.

Pero ya vienes de regreso, avanzando poco a poco en la enorme distancia de automóviles, y vislumbras a lo lejos la colina donde vives, y te dices a ti mismo: “Soy afortunado porque estoy adquiriendo mi casa en Lomas de los Ángeles”… sí, eso antes era un desierto, pero ahora es el lugar más inn para vivir en esta importante ciudad (nada más hay que tener cuidado de que no te acuchillen a la entrada a esa zona, ya que hay un tramo feo donde vive mucha gente miserable). Y sabes que tendrás que trabajar muy duro unos quince o veinte años para asegurar que ese objeto, esa pertenencia con todo y su terreno, seá tuya, ese espacio agradable aunque pequeño, pero rodeado de lujos –te dices a ti mismo(a)-, y sabes que vives junto a otras personas como tú, personas inteligentes quienes hicieron la inversión más importante de su vida, engañadas por sus mismos anhelos, creyéndose todo este concepto que lleva ya muchos años “divirtiéndonos”: la economía de mercado, la propiedad, el famoso sueño americano, toda una sarta de mentiras rodeando nuestras vidas encadenadas ¿a qué? A los objetos, al dinero, y a todas las herramientas de control que lo acompañan.

Ignorantes, como siempre, no se nos ocurre pensar que Dios puede cambiarlo todo en un instante: Él puede hacer que toda una ciudad hermosa, llena de árboles y de cultura, desaparezca en un chistar; Dios puede aniquilar todos tus deseos a la velocidad de un rayo; pero eso es precisamente lo que tratamos de ignorar, seguimos corriendo, tomamos la cajetilla y nos fumarnos un cigarro que nos tranquiliza, momentáneamente nos relaja, se nos olvida esa realidad que es apabullante (ya se veía venir otra de tus crisis de angustia, pero qué bueno, pudiste detenerla a tiempo metiéndote al organismo un poco de nicotina que no hace daño a nadie). No queremos escuchar que todo en esta vida no es más que un sueño pasajero, que nada es permanente, seguimos pretendiendo vivir en un paraíso de la civilización y de progreso. Y evadimos lo vital: ¿de dónde salió todo esto? ¿quién creó el Universo? ¿y yo qué demonios estoy haciendo aquí? Se nos olvida que no venimos de este mundo, lleno de engaños y falacias, venimos de Dios; Él hizo todo, y hacia Él tendremos que dirigirnos a darle cuenta de lo que hicimos, a Él deberíamos ofrecerle cada segundo de nuestra existencia, cada respiración, pero no, preferimos seguir en el engaño, olvidarnos de Dios por un momento, prender la TV y sumergirnos en la rutina que hemos creado –que creó el Anticristo, quien tenía la meta de generar una realidad donde el Creador quedaría fuera, un mundo en el que mandáramos nosotros, los omnipotentes seres humanos.

Y se te olvida que la colina donde vives antes era un desierto lleno de cactus, y que la puso Dios, y que los árboles que adornan tu pórtico los creó Él así como el hermoso césped bien cortado que pisas los fines de semana, y toda el agua que bebes y con la que te das exquisitos baños a alta presión, porque no quieres acordarte de nada, sólo seguir fingiendo, vivir en este mundo de inversiones y activos, y conformarte con el partido de fútbol, porque luego habrá que reproducir este modelo tan maravilloso, imponérselo al resto del mundo que tanto lo necesita, “es lo mejor para todos” –te dices a ti mismo(a).

Pero jamás pensarás que, quien te vendió ese terreno, esas paredes encima del tepetate, te engañó vilmente; que quien te hizo adquirir el concepto de que vives en una gran nación también te engañó; que quien te educó y sembró en tu mente el orgullo de tu raza también te vio la cara de idiota; tú quieres seguir creyendo que todo lo que dices y crees está bien, que la mercadotecnia es lo tuyo, embellecer lo que hemos logrado, crear nuevos productos, ésa es nuestra misión. Y hasta tus maestros espirituales son un engaño, otra basura como tú que pasas por encima de los más necesitados imponiendo tu sistema a diestra y siniestra, tratando de llegar a otros mercados con todos esos productos de tu sociedad de consumo, usando la mercadotecnia para convencer a más personas de que tu estilo de vida es el modelo a seguir, y sientes que estás en el camino correcto, que Dios te eligió a ti y a tu gran nación para ser el ejemplo a seguir. Estás completamente integrado a toda esta realidad que respira en tu mente. Y ves a quienes no piensan como tú como enemigos a vencer, a los que quienes viven cruzando tus fronteras, y justificas el uso de toda la fuerza que sea necesaria para garantizar tu seguridad y la de tu sistema, sin siquiera imaginar que, al justificar ese modelo, compraste todo un contrato de esclavitud y te hiciste cómplice de todos esos asesinatos que nadie dice en tu periódico local, de todas esas muertes de hambre en países a quienes les impusieron malos gobiernos, de todo el hambre y el dolor que se está generando afuera de tu esfera de placer que tanto alabas.

Gracias a los generadores de energía que instaló el Anticristo en nuestro mundo –los cuales todavía no se ha podido quitar por completo-, este modelo se hizo el gran sueño de todos, el sueño de acaparar más y más propiedades, el de ser más famosos y atractivos(as), exitosos(as), según el cual se genera más y más seguridad para todos, pero también gracias al que se encarecen todas las cosas que se producen y que necesitamos; ese modelo es el responsable de generar mayor pobreza, porque no se avoca a producir más barato para compartir con todos, sino a generar un valor ficticio a objetos que no lo tienen, a que unos cuantos acaparen más propiedades y dinero, para alimentar la avaricia de todos quienes no gozamos de esos capitales; este sistema mercadotécnico genera un valor exagerado en esos pedacitos de tierra que la gente se pelea por poseer, logra darle un valor incrementado a productos que no cuesta nada crear, pero tú sigues promoviendo todo este sueño que es en realidad una pesadilla para otros. Es en realidad tu Ego el que buscas que siga en lo alto, te sientes todopoderoso y no importa que las crisis mundiales estén a punto de derrumbar todo este modelo, tú sigues creyendo que eres magnífico(a), y si algo te hace dudar este concepto que tienes de ti mismo(a) harás hasta lo imposible por liquidarlo, por desaparecerlo. La apariencia llena las calles, y tú te sientes a gusto en el mundo en el que vives, y jamás te pones a pensar que ese afán por verte bien a toda costa, por generar un valor agregado a las cosas que no lo tienen está a punto de estrellarte contra una pared, ya que aunque intentes fingir al máximo no podrás evitar tu muerte, la cual llegará algún día irremediablemente.

Hermanos, en nuestra cultura le ponemos precio a todo lo que Dios hizo, pero Él lo produjo gratis para nosotros. El Maligno quiso invertir todo, hacer lo contrario a lo que creó nuestro Padre; quiso hacernos cada vez más materiales, más alejados del Espíritu –de nuestro propio Ser-, así como lo estaba él, distante del Amor; quiso engañar al Creador y después pretendió engañarnos a nosotros, haciéndonos creer que podíamos comprar la salud, la vida y el prestigio; su anhelo era ser más poderoso que Dios, y para ello pretendió voltear la realidad, lograr que sintiéramos que nosotros éramos Dios –como él lo creía. El maligno vivía en una fortaleza, en un bunker gigantesco, aislado de todos, protegiéndose siempre de quienes llegaban a atacarlo. Tenía su propio sueño americano.

Como dicen los maestros tibetranos (los pocos que han logrado liberarse): “los seres humanos viven engañándonos el 99% del tiempo”. Es complicado entenderlo, porque vivimos inmersos en el engaño, pero la verdad es así. Vivimos complicando todo a nuestro alrededor, haciendo cada vez más sofisticada nuestra vida, pero alejando de nosotros para siempre la verdadera libertad.

Por eso nuestro líder Ramavayán ha insistido que, mientras la economía del planeta se tambalea, “Dios está haciendo que la realidad vuelva al lugar que le pertenece, que las cosas regresen a su verdadero nivel”. La maquinaria de la publicidad y la mercadotecnia se ha malutilizado, pretende hacernos creer que los objetos materiales tienen un valor superior al real, que nuestros políticos y dirigentes son unos santos que ven exclusivamente por nuestro beneficio, e invitándonos a seguir comprando todas las mentiras, los fraudes y negocios abusivos que nos venden, los cuales beneficiaron enormemente a un solo grupo por siglos, pero que gracias a Dios hoy estamos comenzando a detectar. Los malditos quieren seguir engañándonos, que nos sintamos superiores al Creador y que ocultemos todos los complejos que tenemos con objetos y propiedades.

Hermanos, este modelo ya se agotó. La publicidad -que anteriormente cumplía una función informativa y de beneficio social- ha sido uno de los medios más apropiados que utilizó la maldad para mentirnos, robarnos y chupar toda la energía que le ponemos a nuestro trabajo, dejándonos totalmente deshauciados. Pero las intenciones negativas de este mundo hoy comienzan a desenmascararse; nuestra sociedad está cambiando rápidamente, y a pesar de que la crisis actual hace que los productos bajen de calidad –las grandes corporaciones hacen hasta lo imposible por acrecentar sus capitales robándonos al máximo-, hoy los seres humanos comunes y corrientes ya estamos tomando decisiones que acabarán con esos grupos abusivos y asesinos del ambiente, y pronto la economía volverá al lugar que le corresponde. No se dejen engañar, la única verdad es que nada nos pertenece, el mundo no es nuestra propiedad; nosotros somos de la Tierra, no la Tierra de nosotros.

“Nuestra riqueza proviene de la Creación” –le decía Sharover a Ramavayán el otro día. “En realidad vivimos de Dios, no del dinero. Es hora de entender que somos de Él, y es Él quien nos alimenta. A Él regresaremos una vez que abandonamos este mundo de ilusión”.

Demos gracias a Dios que todo este infierno creado por el Maligno, toda esta realidad de injusticias y engaños, poco a poco va a regresar a ser como debe: un mundo de amor y de conmiseración. La economía dejará de ser propiedad de un pequeño grupo de seres. Gracias a la presencia divina en nuestro planeta, todos aquellos seres humanos quienes entregaron sus vidas por lograr que este mundo volviera a ser real y humano, aunque abandonaron la materia y sacrificaron fuertemente sus vidas, hoy son recompensados con crecimiento espiritual y son reconocidos a nivel universal. Hermanos: gracias a Dios, tarde o temprano el Amor de Dios volverá a brillar en todo lugar y por siempre.