"Salven al Mundo"

En un acto donde hizo un esfuerzo por sobreponerse a su comodidad, Ramavayán exigió que se hiciera justicia sin mayores ademanes y, con amor, pidió a un grupo de mexicanos que ayuden a que se cumpla la ley y a que se trabaje con honestidad y con justicia en nuestro país. Al estar nuestro líder conectado con la Tierra y con el Inconsciente Colectivo, este evento tuvo implicaciones mayores.

México, D.F., 14 de Septiembre del 2012. Vivir en México implica llevar en la piel una mezcla de eventos históricos, de energías de guerreros combatiendo unos contra otros, de sentimientos que flotan en el ambiente, donde la compasión convive con el odio, la envidia aconseja a los deseos de libertad, y el placer se mezcla con la más profunda amargura. Cada día, desde temprano, la inmensa Ciudad de México despierta, se pone a trabajar al alba y de repente emerge el gozo, la alegría de vivir. Vemos a los niños corriendo por las calles y todos le sonreímos a Dios. Después encontramos que alguien falleció atropellado en una esquina y, en un instante, nos invade una ira y una sed de justicia indignantes. Somos producto de una amalgama de emociones muy intensas, y llevamos en las venas una carga de acontecimientos múltiples, de situaciones a veces inciertas, otras gloriosas, donde cada uno de nosotros es un héroe que se mantiene en el olvido y, después de muchos actos de valentía donde damos el alma para obtener el pan de cada día, nos perdemos en un mar de gente y sentimos que se diluye nuestro espíritu entre ese gigantesco caldo de inquietudes y desesperanzas.

Así, la convivencia entre los hermanos se vuelve difícil, se complica. Los espacios son reducidos y las necesidades, muchas. En este día Ramavayán sufrió una injusticia y, en lugar de actuar como lo hacen muchos mexicanos, respondiendo con ira y venganza ante quien cometió este agravio, prefirió cambiar su manera de actuar, hizo un esfuerzo y decidió generar consciencia, sin producir mayores aspavientos.

Llegó a su casa y encontró que un vehículo desconocido bloqueaba su puerta. No podía guardar su automóvil. Pasó una hora y el dueño del vehículo que obstruía su acceso no aparecía. Llamó a la policía e intentó tranquilizarse. Cualquier otra persona en México le hubiera quitado el aire a las llantas del auto que bloqueaba su puerta, o hubiera rayado su pintura, pero él prefirió actuar de una manera diferente en esta ocasión. “Todo va a resolverse de una manera calmada, y con orden” –se dijo a sí mismo.

Llegó una patrulla frente a su domicilio. “Esta situación está muy mal, estas situaciones no deben darse en nuestra ciudad; tenemos que aprender a respetarnos unos a otros” –le dijo nuestro líder a los policías que llegaron a atenderlo, y ellos le dijeron: “Vamos a vocear a los vecinos a ver si alguno de ellos es este auto”. Así lo hicieron, y siguieron esperando una hora a que apareciera el dueño, pero éste no aparecía. Entonces Ramavayán les pidió que llamaran a una grúa de la policía, para que quitara el vehículo, pero ésta tampoco aparecía.

“Ustedes están aquí para hacer que se cumplan las leyes” –le decía a los uniformados, no sin saber que la Policía en México por muchos años ha sido corrupta y en muchas ocasiones coludida con los bandidos. “¿Y por qué no le rompe un vidrio o le poncha las llantas?” –le dijeron de manera insólita los “representantes de la ley”. “Porque ésa no es la forma de proceder, la violencia sólo genera violencia” –les dijo de inmediato nuestro hermano y Maestro. “Si hago eso, Ustedes se van a ir, pero a mí me van a dejar un problema. Yo vivo aquí, y la persona dueña de este vehículo que me estorba, se va a vengar con mi familia, además de que no debemos actuar así, tenemos que cambiar la forma de hacer las cosas. Vamos a arreglar esta situación como se debe, sin ofuscarnos”.

“Ustedes deben hacerse responsables porque las cosas mejoren en la ciudad” –comenzó a platicar con los “oficiales” mientras les hacía un llamado al cambio de actitud. “En otra ocasión llamé a la policía y no aparecieron, tuve que enfrentar yo solo a 8 personas; la verdad es que nunca llegan a tiempo y no están cuando más se les solicita, ¿o no tengo razón con lo que les estoy diciendo?”. Y los policías se quedaban callados. “Yo solito me tuve que agarrar a golpes con todas esas personas, y nadie vino a ayudarme”.

Pasaba el tiempo y no llegaba el dueño del automóvil que estorbaba su entrada. Entonces Ramavayán les dijo: “Ustedes van a ver que el dueño del vehículo va a aparecerse y se va a disculpar, diciendo: ´no me di cuenta, perdóneme, me equivoqué al estacionarme en su entrada´". Finalmente apareció el dueño del objeto que bloqueaba su entrada, y curiosamente dijo “Señor, disculpe Usted, no me di cuenta de que me estacioné enfrente de su entrada, perdóneme, me equivoqué”. Este señor venía acompañado con una dama, a la que nuestro líder describió como “una persona con mucha prisa; se veía muy soberbia”.

Entonces Ramavayán contestó con mucha calma: “este automóvil se va a ir detenido, lo van a llevar al corralón, discúlpeme, me equivoqué, no me di cuenta, pero ya llamé a la grúa”.

Varias personas se presentaron a intervenir en este evento, y con todas ellas platicó nuestro líder y en resumidas cuentas estas acciones requirieron paciencia, dominio de sí mismo y una constante concientización para hacerles ver qué es lo correcto y cómo debemos comportarnos frente a una situación como ésta. Fue un acto que tuvo repercusiones en las personas con quienes estaba hablando. Finalmente, y después de 3 horas en que ninguna grúa se presentó en el lugar de los hechos, la persona que estuvo estorbando se disculpó con Ramavayán, y lo dejaron ir.

Al día siguiente los Maestros le dijeron a Ramavayán: “el día de ayer con este acontecimiento creaste un parte aguas, generaste una consciencia especial que impactó profundamente en la zona y en tu país”. Entonces recomendaron que las personas en la Ciudad de México (y en nuestro país) nos demos cuenta de la importancia que tiene el saber que el cambio de nuestra realidad está en nuestras manos, y solamente en nosotros. “Es el inicio de otro tipo de despertar” –indicaron, y nos pidieron que le colocáramos el título “Salven al Mundo” a este tema. “Insístanle a la gente que son Ustedes, las personas y los ciudadanos, quienes tienen en sus manos el destino de su país y de su mundo”. Recalcaron que depende únicamente de nosotros que en estos momentos en que ya no está el Anticristo, que las cosas cambien, y que ya no debemos esperar a que otros interfieran en nuestra libertad y en nuestro futuro. “Éste es el momento en el que ustedes pueden lograr un cambio real, de que se pongan a trabajar por la justicia y por lograr un sistema más justo y humano para todos”. De algún modo esta situación generó una energía de cambio, y sentimos que claramente nos hicieron ver nuestros guías espirituales que la realidad depende al cien por ciento de nuestras acciones, ya no de las energías ni de las trampas, ni de las separaciones energéticas que generó el Maligno y que aún se están removiendo en nuestro planeta.