Sharover entrega la misión

Importante cadena de hoteles norteamericana, a pesar de aparentar tener directivos honorables y honestos, "está involucrada con el narcotráfico y la trata de blancas".

México D.F., 13 de febrero 2013. El día anterior a esta fecha, Sharover se encontraba en casa, leyendo un correo que le había llegado de una reconocida cadena de hoteles norteamericana y, al investigar un poco más sobre esta empresa, leyó muy buenos comentarios en el Internet, donde afirmaban que se trataba de una “gran compañía, con una gran tradición”. En ese momento le llegó una idea a la mente: “¿Será posible que existan empresas norteamericanas con directivos decentes, honrados y trabajadores?” Sintió que, de algún modo, esa empresa hotelera podía ser una organización diferente a lo que se estila en este mundo.

A la mañana siguiente, nos pidieron que nos dirigiéramos nuevamente a la pirámide de Ixtapaluca, ya que “es importante que Sharover también le entregue su misión a Dios” (ver Ramavayán entrega la misión). Íbamos por el Viaducto Miguel Alemán (una importante avenida en México D.F.), cuando el automóvil de Ramavayán inesperadamente comenzó a fallar. Con dificultad nos hicimos a un lado, y tuvimos que detenernos justo enfrente a… una sucursal de la misma cadena de hoteles de la que Sharover se había cuestionado el día anterior. No estábamos estorbando a la circulación y, a pesar de que nos encontrábamos dentro de los carriles centrales, había un espacio amplio y el auto estaba muy bien estacionado, pero teníamos que esperar “a que se enfriara el motor” (el vehículo ya había estado dando este tipo de problemas, por lo que sólo había que quedarse allí unos minutos para volverlo a arrancar).

Sentados en una protección de concreto, viendo pasar automóviles a gran velocidad, de repente Ramavayán y Sharover comenzaron a sentir algo “especial”. Voltearon a verse el uno al otro, y se dijeron al mismo tiempo: “¿aquí hay que hacer algún trabajo?” Los Maestros les indicaron -a través de la conexión de Ramavayán- que efectivamente, se encontraban “encima de un vórtice energético muy importante, al centro de una cruz gigante que enlazaba al Valle de México con gran fuerza”, y que nos habían obligado a parar allí para destrabar ese vórtice. Por supuesto que seres del camino oscuro habían manipulado esas fuerzas para controlar a los habitantes del Valle del Anáhuac. Ramavayán les dijo a los Maestros: “¿y no había forma de que nos pusieran a trabajar esto en algún otro lado, por ejemplo, a dos calles de aquí? Jamás me hubiera imaginado que haríamos un trabajo en medio de una avenida tan importante".

Así, viendo pasar tráileres, automóviles y camionetas a gran velocidad, de pronto los dos hermanos de la Luz comenzamos a meditar. Como ya era costumbre, pedimos a Dios que este sitio se purificara, y que las personas del camino oscuro comenzaran ya a pagar sus deudas, que tuviéramos un mejor planeta para vivir, etc, etc. También hicimos varias peticiones personales. En ese momento comenzamos a sentir cómo el vórtice despertaba y percibimos mucha energía en nuestras piernas. Al finalizar esta primera meditación, Sharover preguntó: “¿Y qué hay de esta importante cadena de hoteles que tenemos enfrente, y que es tan famosa? ¿Realmente son una empresa honorable, como me cuestionaba yo ayer?” Y los Maestros indicaron: “Aunque pareciera que esta empresa es muy honorable y con directivos de gran amor y bondad, lo cierto es que están involucrados con la trata de personas y con el narcotráfico”. Después de terminar la meditación en la que encarecidamente le pedimos a Dios que nos ayudara y corrigiera muchos problemas en nuestro planeta, nos pidieron que nos quedáramos quince minutos más para integrar la energía recibida.

Sintiéndonos confundidos por la excepcional meditación que realizamos en este trabajo, fuimos a buscar a un mecánico y, después de una hora, finalmente con la ayuda de un experto pudimos arrancar el automóvil. Nos dirigimos a Ixtapaluca y, en ese lugar Sharover, entregó la misión a Dios. Nos pidieron que hiciéramos una especie de “danza” encima de la pirámide de Consciencia de Ixtapaluca; soplaba un fuerte viento, y en ese momento también nos pidieron que abriéramos los brazos, en señal de que estábamos volando; se sentía un viento exquisito, y ambos nos sentimos muy contentos por este trabajo, por lo que agradecimos a Dios, a los Maestros y al Señor Ixtatecutli por su apoyo. Al bajar de las pirámides Sharover comentó: “Fue como si me hubieran quitado un peso de encima”. Y dijo: “Creo que esta misma sensación fue lo que reportaste cuando entregaste tu trabajo a Dios –le comentó a Ramavayán.