Salida de la 5a Dimensión en una nave pequeña

México, D.F., octubre del 2012. Cuando los seres humanos dormimos, las funciones corporales se recuperan, nuestra mente descansa y poco a poco comenzamos a sumergirnos en un entorno desconocido, en una realidad aparte que parece infinitamente distante: el mundo de los sueños, el reino del inconsciente. En ese espacio en el que puede manifestarse el futuro, el pasado y el presente al mismo tiempo, Sharover comenzó a soñar-recordar un evento que tal vez sucedió en quinta dimensión, “lugar desde el que Ustedes salieron para llegar a la misión que acaban de cumplir” –como nos habían informado hace tiempo los Maestros Ascendidos. Así relata Sharover su visión:

“Estábamos en una reunión, en un jardín, yo me sentía muy bien, tranquilo. De repente llegó Ramavayán junto a mí y me dijo: ´¿ves esa nave pequeña? En ese vehículo nos vamos, ahora´. ´¿Qué?´ No supe qué decirle. ´¿En este momento partimos?...´ Sabía que se trataba de una misión secreta y muy importante pero… ¿y mis seres queridos? ¿En qué momento iba a comunicarme con ellos para despedirme? Comencé a ponerme nervioso, quería informarle a mi esposa y a mis hijos que saldría de esta dimensión para… ¿no volver? ¿para desaparecer en manos del Maligno? Era un momento cumbre en mi proceso evolutivo, claro pero… ¿qué iban a pasar con mi pareja, con mi familia? ¿Quién iba a cuidar a mis pequeños? ¡¿Qué hago?! Ramavayán me dio entonces un teléfono para que me comunicara con ellos, pero yo me puse más nervioso aún; tenía en la mano uno de esos aparatos en extremo complicados, lleno de botones que en ese lugar, con la angustia que sentía, de ninguna manera entendía. Él platicaba con alguien y tuve que interrumpirlo. ¡¿Cómo me comunico?! ´Es aquí, en este botón´ –me dijo, como si fuese lo más simple. Y no recuerdo qué pasó entonces, no alcanzo a recordar si pude comunicarme con mis seres amados o no, mi mundo se estaba desmoronando en ese instante…”

Hacemos una breve pausa para recordar lo que Ramavayán le había dicho a Sharover en otra ocasión, aquí abajo, en tercera dimensión: “Tú no ibas a venir a esta misión, eras una opción, pero en un inicio no estabas considerado; de hecho, tú no ibas a nacer en esa familia en la que naciste, era otra persona. Quien iba a encarnar originalmente con tu familia actual se había aliado con el Anticristo. Lo descubrimos en el último momento. No teníamos otra opción que traerte, y tú tuviste que nacer en lugar de aquella mujercita que esperaban tus padres; se desilusionaron cuando supieron que tenían a otro varón en la familia; ansiaban mucho a una niña, pero allí estabas tú, alguien inesperado, un niño no solicitado al que tenían que cuidar y querer como a la otra personita a quien anhelaban tanto pero que, por azares del destino, no llegó. Lo que tus padres no sabían es que tú venías con otros planes mucho más importantes que cubrir su necesidad de afecto; tenías que venir a apoyarme".

“Así que de repente (otra vez en mi sueño), todo se dio de manera inesperada, súbita y rápida; en pocos minutos tuvimos que abordar la pequeña nave sin siquiera poder avisarle a mi familia de mi partida. Éste era un vehículo espacial muy pequeño y envejecido, una nave que nadie revisaría, un transporte de artistas y seres alocados de esos que deambulan de un planeta a otro divirtiendo a buenos y a malos; sin duda, era un aparato viejo y destartalado. Era la nave ideal para no ser detectados por las fuerzas malignas. Nuestros espíritus-almas iban a cruzar las barreras y los retenes impuestos por el imperio del mal; tendríamos una sola oportunidad para encarnar en la Tierra sin contaminarnos demasiado, y esa oportunidad era esa pequeña nave bohemia. Fue así que el piloto del pequeño navío intergaláctico encendió los motores; era hora de partir. Nos colocamos en la parte trasera, en un espacio de no más de un metro y medio de largo por cuarenta centímetros de ancho; estábamos agachados y encogidos, el uno frente al otro; teníamos que colocar incluso la cabeza cerca de las rodillas porque el techo nos golpeaba la cabeza. Tres paredes nos empacaron como a dos sardinas en lata. Y Ramavayán me veía sonriente; yo sentía una tristeza y una pena extrema al abandonar todo lo bueno que tenía en esa realidad dimensional. No podíamos movernos, y había que partir. Algo dentro de mí me dijo en ese instante: ´sé que esto no va a ser fácil, esto va a doler´. Había dejado atrás toda mi felicidad. Entonces desperté”.