Trabajo de Liberación

México, D.F., 25 de enero-8 febrero 2014. En Zona Santa. En estas fechas nos presentamos ante la Señora del Tepeyac (la Virgen de Guadalupe), para realizar dos “trabajos de liberación”. Como parte de nuestra misión –que a menudo es preguntar a nuestros Guías Espirituales cuál es el siguiente paso a seguir-, inquirimos si aún existía algún tipo de energía que no hubiéramos podido remover, y nos comentaron que “la energía Blefton”, la cual “está relacionada con la energía de confusión que todavía están sintiendo”. Y señalaron que esa energía “es una fuerza que los está oprimiendo en la zona de la corona”, por lo que mencionaron que en estas visitas trabajaríamos para liberar ésa y otras energías. "Aquí hubo una batalla entre fuerzas del bien y del mal" -comentó Ramavayán al momento de recibir una imagen que le llegaba sobre lo ocurrido en el recinto sagrado del Tepeyac tiempo atrás. "Aquí se hicieron una cantidad impresionante de trabajos oscuros para bloquear la energía de Nuestra Señora" -expresó preocupado.

Caminando a un lado de la nueva Basílica de Guadalupe, casi subiendo al Cerro del Tepeyac, nos llamó la atención el Museo de Guadalupe. Entramos al edificio antiguo, y comenzamos a ver una serie de pinturas históricas de lo que fue la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, acompañadas por una serie de personalidades oscuras, adustas y recelosas de su poder, quienes de algún modo nos miraban en cada cuadro de la exposición. "Hay mucha porquería aquí" -expresó nuestro líder, refiriéndose a lo que percibía a nivel del etéreo. Al ir avanzando comenzamos a sentir que la energía oscura del recinto hacía estragos en nosotros, nos saturaba, pero seguíamos viendo las pinturas históricas de Juan Diego, de la Virgen y de los obispos de la Iglesia Católica, que nos acechaban a cada rincón. “Es una historia de mucho dolor, y uno que otro arcángel enmedio; es parte de nuestra historia de siglos y siglos de dominación” –le comentaba Sharover a nuestro líder. “Es toda una época la que nos están presentando” –le decía Ramavayán. “Toda esta jerarquía fue posible gracias a que somos un pueblo ignorante y fácil de manipular” -comentó.

Más y más retablos pasaban frente a nuestros ojos, algunos chapeados en oro, otros de maderas preciosos, y nuestro líder comentó: “Llegaba un asaltante y se hacía pasar por gran señor; se ajustaba a la jerarquía del clero y con todo su poder nos manipulaba a todos; se hacía un gran negocio de esta dominación; los del grupo dirigente se encargaban de mantener este engaño y obtenían mucho dinero y territorios… pero toda esta situación injusta pronto se va a terminar, nos van a regresar cada gramo de oro que se llevaron, así va a ser. Lo que hayan hecho para dañarnos, se va a resarcir. Es como en Sudáfrica, si robaron diamantes, no sé cómo, pero los van a devolver. El Orden Divino va a reacomodarlo todo” -dijo.

Los demonios no sirven de nada. A medida que continuábamos subiendo escaleras y doblando en esquinas y pasillos, apreciando candelabros y reclinatorios, nuestro Maestro comentaba: “Aquí en este mundo, si no te roba el papá te roba el abuelo y, si no es el abuelo, es el hijo... Se hizo una mafia que obligaba a todos a unirse a esta gran corrupción. Ésa fue la herencia que nos trajeron los europeos, una de control y manipulación”. Y comentamos que esta educación que recibimos se ha estado transmitiendo de generación en generación hasta nuestros días, sin muchas modificaciones. “Ahora, en los años recientes, llega la mafia y te obliga a pagar cuotas, a seguir en el mismo juego, en el engaño, y te dicen: ´si no vendes droga, si no te unes a nuestro equipo, vas a sufrir, no vas a tener dinero para salvar a tus hijos, no vas a poder comprar esa casa que por tantos años has querido´ por lo que, tarde que temprano, caes en su juego, en su red de esclavitud”. Y continuó: “Los demonios en este mundo nada más llegan a estarte bloqueando, a obstruir tu vida, no sirven para otra cosa”.

Comentó Ramavayán: “Este trabajo que estamos haciendo es para terminar de separar la energía sucia, contaminada, del mal de la energía buena”.

Al terminar el recorrido por el museo –que se nos hizo eterno- apareció una placa con la oración del Magníficat, la cual de algún modo nos decía: “se aproxima la caída de los grandes demonios y de su injusticia. Porque a los ricos y poderosos Dios los dejó sin nada”.

Afuera del museo. “Éste fue un importante trabajo de limpieza” –comentó Ramavayán saliendo del recinto, y los Maestros nos pidieron que nos quedáramos un largo rato sentados, integrando toda la energía que habíamos recibido, para transmutarla. Para terminar nuestra sesión, subimos al Cerro del Tepeyac y en esa parte Ramavayán realizó algunos mudras de poder para seguir trabajando con el rayo de Nuestra Señora. Al día siguiente Ramavayán comentaría: “Se me quitó toda la pesadez que traía, era impresionante. No podía subir al Cerro del Tepeyac, pero después ya sentí un descanso”.

Hasta los lugares sagrados están sucios. En algún otro momento los maestros nos comentaron que “incluso en el Cerro del Tepeyac había mucha energía de maldad combinada con la energía buena, y esos trabajos oscuros se están limpiando con las meditaciones que ustedes están haciendo".