Anécdota: "Los necios, Tercos y Estúpidos”

Uno de esos días (en el 2009), Ramavayán y Sharover estaban muy emocionados, porque iban circulando por la carretera, rumbo al rancho de Ramavayán, y Dios les prometió que tendrían “un viaje mágico y misterioso”… “¿Cómo con los Beatles?” –comentó a manera de broma Ramavayán, y Dios afirmó que sí, que así sería, claro, si nosotros lo permitíamos. El camino de ida tuvo momentos mágicos, como cuando el sol entre la niebla entró al vehículo cubriéndolo todo, y parecía como si Dios mismo les hablara a través de sus rayos; luego aparecieron maravillosos paisajes con laderas infranqueables que mostraban de manera fehaciente las proezas de Dios de manera que, cuando finalmente llegaron al pueblo que se encuentra muy cerca del rancho, parecía que todo fluía a la perfección. Y así fue, en pocas horas las personas que Ramavayán tenía que ver aparecían en los lugares menos esperados, a la vuelta de la esquina estaban allí, como enviados por Dios, y los negocios fluían de maravilla..

Aquella mañana se realizó en el rancho la faena de marcar con hierro a algunas cabezas de ganado a las que les identificación. Las instrucciones que Ramavayán dio a su caballerango y a las personas que le ayudaban a enfilar el ganado fueron muy simples: “separen las vacas de los novillos, para que los animales pequeños no se lastimen”; pero entre la mucha confusión esta orden no fue atendida.…

Ya por la tarde Ramavayán y Sharover tuvieron la oportunidad de descansar a la sombra de un gran árbol, “el árbol de la Iluminación”, en el cual habrían de presenciar varios eventos importantes. Con una cerveza en la mano, ambos comenzaron a relajarse y a apreciar la tarde que se llenaba de colores verdes y del cantar de las aves, como ocurre siempre en los poblados de los Estados costeros de México. Y recapitulando, Ramavayán comentó: “No es posible que le dé una instrucción al vaquero y éste haga totalmente lo contrario… por eso nunca dejan de ser lo que son… son unos necios, tercos y estúpidos”…

El día se terminaba poco a poco, pero Ramavayán estaba un poco nervioso. “Ya, vámonos, hay que trabajar mucho” –comentó. Pero Sharover lo increpó diciéndole: “Tranquilo, hermano, ¿cuál es la prisa? Dios nos ha puesto todo en charola de plata, recuerda que éste es un viaje ´mágico y misterioso´, ¿para qué apresurarse?”. Incluso Jesús el Cristo le comentó mentalmente a Ramavayán que se calmara, que fluyera con el momento. “Es cierto –se dijo a sí mismo Ramavayán, dándose cuenta de su actitud. Estoy muy acelerado y no tiene ningún sentido hacerlo, ¿para qué me presiono, si de todas maneras Dios se está encargando de todo?”. Y reconoció que tenía que aprender a tranquilizarse y a relajarse más.

“¿Por qué soy así, Padre? –externó. ¿Para qué me acelero sin razón?” –comentó ya un poco más tranquilo gracias al efecto del alcohol. Y entonces escuchó una voz en su interior que le hizo soltar una carcajada: “Será porque Ustedes son necios, tercos y estúpidos?”… Desde ese momento con admiración -y cierta sorpresa al observar nuestra manera necia de actuar-, comenzamos a analizar muchas de las situaciones en la que caemos nosotros, los humanos, repitiendo una y otra vez los mismos errores, cometiendo una y otra vez las mismas faltas durante toda nuestra vida, y comportándonos, pues, como unos necios, tercos y estúpidos.

Vimos que tal parece que una parte importante de la actividad humana es la necedad. Nos aferramos a una idea, a un concepto, a una doctrina y no la soltamos, como si ésa manera de sentir formara parte integral de nuestras mentes, como si fuera un tesoro que quisiéramos acaparar. A veces somos tan estúpidos que podemos morir tratando de defender “algo” que pensamos es “la verdad última”, y nunca escuchamos opiniones, somos “fanáticos” de nuestros propios conceptos erróneos, literalmente llegamos a amar nuestras pendejadas y defendemos nuestras necedades como si fueran lo último que quisiéramos que muriera de nosotros.

Finalmente convendría preguntarnos, ¿qué es tan importante para justificar a capa y espada una idea que vive separada, fuera de nuestro cuerpo? ¿No es ésta una manera de refugiarnos ante la imposibilidad de comprender nuestras propias verdades interiores, lo que dice nuestro corazón? Si nuestro ser nos grita que debemos modificar algo, o seguir un rumbo distinto, ¿por qué somos necios, tercos y estúpidos y le damos la vuelta a los deseos que más anhelamos?

Mientras el mundo sigue girando, muchos seres humanos nos quedamos atorados, aferrados a nuestras obstinaciones, viviendo en el pasado y negándonos a dejarlo morir. Al sentir que esas ideas estúpidas son una parte de nosotros mismos, vivimos para ellas, para tratar de justificarlas a como dé lugar, y nunca somos capaces de cambiar para bien. ¿Por qué? ¿Qué nos impulsa a ser así? “Allá arriba” no lo comprenden y nosotros tampoco, simplemente somos así, unos necios, tercos y estúpidos (NTE)…

¡Ya basta de aferrarnos! Mejor aprendamos a fluir con la alegría de vivir, y vivamos con el asombro inocente de quien aprecia las maravillas de Dios, con una disposición de siempre aprender algo nuevo. ¡No seamos NTE!