El Sacrificio

Nuestro planeta ha sido un honorable campo de batalla. Poderosos guerreros, incansables, arribaron de diversos rincones del universo para enfrentarse unos contra otros, para aportar amor u odio; para sacar adelante a éste, un planeta inferior, o para hundirlo más. Ninguno de los guerreros puede llamarse cobarde; todos tuvieron que sacrificarse a sí mismos, que pelear, que destacar. Algunos lo hicimos en favor del bien; otros, apoyando al mal. Convivimos en un escenario de dolor y de victoria, de luz y de sombras, y aquí dentro de esta realidad casi a ninguno podemos hacer llamar un “santo”. La mayoría hemos destacado por ser duros e indiferentes ante el dolor y el sufrimiento de los otros. Nadie es incólume en un planeta infierno (inferior) en el cual todavía hoy día tenemos hermanos quienes se mueren de hambre, ¿cómo podemos permitir eso? ¡Tenemos que tener cierto espíritu de demonio para no reaccionar con furia ante estas injusticias que se ven a diario por doquier! Este campo de batalla también es un mundo hipócrita, de egoísmo y de ferocidad. Los seres humanos somos los lobos de nuestros propios hermanos, y también hemos depredado a nuestra Madre Naturaleza, ¡a nuestra propia casa!

Jesús el Cristo fue un gran guerrero, quien vino a entregarse con Amor sembrando la semilla de la Victoria, nos enseñó hace dos mil años que es mejor ser oscuro que tibio, es mejor ser helado que indefinido. “A los mediocres los vomito” –comentaba nuestro amado Maestro. Vale más ser oscuro, pero oscuro en serio, que un tibio que no llega a calentar nada, ni tampoco a enfriar. Hay que combatir, hay que pelear por lo que se quiere: un lugar mejor para nuestros hijos. Nuestra responsabilidad es destacar, no quedarnos en la mediocridad. Por eso no podemos odiar a nuestros hermanos oscuros, a los guerreros negros. No podemos hacerlo, porque siempre los más destacados merecen los honores. Dios nos ve desde “allá arriba” (o desde adentro) y sabe de nuestros esfuerzos, de nuestros sacrificios. Ve nuestras peleas, nuestros arrojos por defender lo que creemos y lo que amamos. Y Él sabe mejor que nadie que lo más valioso que tiene alguien es la entrega de su corazón. Él lo hizo, nuestro Padre se sacrificó con valentía para crearnos: en nuestra Creación tuvo que negarse a sí mismo para poder engendrarnos a nosotros, sus hijos, quienes fuimos hechos a imagen y semejanza suya. Por eso la valentía es una de las virtudes más altas: quien no se atreve, no crea, no destaca, y no se acerca a Dios.

Por todo lo anterior, a fin de vencer en la batalla, Ramavayán, los profetas y todos los enviados de la Historia de la Salvación, toda la gente del equipo de la Luz, tuvimos que hacer muchos sacrificios. Convivir con el enemigo, luchar toda la vida sin respiro, no aceptar riquezas durante muchos años a fin de comprometernos con la pelea; son sólo algunos ejemplos de las oblaciones que tuvimos que padecer. Algunos de estos esfuerzos se firmaron en contratos energéticos antes de nacer, los cuales incluían un compromiso explícito con alguien o con grupos, incluso se hicieron “amarres” espirituales que establecían ciertas condiciones de vida para poder entregarnos en la batalla final. No fue fácil para Ramavayán de ningún modo, y su entrega fue definitiva, fue total. Él es un héroe indiscutible en esta era de Jesús el Cristo que termina con el trofeo de la libertad para todos los seres del universo, acompañado por un sacrificio incansable de millones y millones de seres de Luz quienes dimos la vida para que pudiera lograrse la tan anhelada Salvación. Honor, loas y vítores a este resultado, a esta Victoria de la Luz con sabor a Gloria para todos los hermanos del camino blanco quienes participamos con nuestra esperanza y entrega en estas proezas. Y gloria al guerrero más valiente de todos los tiempos: ¡el Comandante Galáctico de la Luz, Ashtar Ramavayán!

Pero también reconocemos que los oscuros tuvieron que sacrificarse. Son guerreros, finalmente, hermanos separados que lucharon con el corazón. Determinación, obstinación y sacrificio son algunas de sus virtudes, y Dios en su mente infinita sabe de su valentía y de su esfuerzo. Que Él los tenga en consideración al momento de su muerte, y que les dé una oportunidad de Amor como siempre lo hace con todos sus hijos. Porque perdieron. Lamentablemente para ellos, fracasaron (a pesar de todo el esfuerzo que también llevaron al cabo). Así que tendrán que entender que sufrirán un castigo, vivirán en esclavitud, la misma esclavitud con la que ellos pretendieron dominar a toda la Humanidad. Se irán a un lugar donde las condiciones serán dadas para que aprendan a no someter a nadie, sino a Amar a sus hermanos. Y siempre tendrán oportunidades de acercarse al Amor.

Pues así sucedió, amados hermanos de la Luz, todo esta batalla. Y ahora finalmente estamos de vacaciones. Tenemos frente a nosotros un tiempo precioso, con infinitud de oportunidades de Amor y de Luz, para alcanzar la Liberación personal, nuestra Felicidad y la del planeta. Aprovechémosla con Consciencia y determinación. Valoremos el esfuerzo que se requirió para llegar a este momento. No cesemos en nuestro afán de convertir a este planeta en un paraíso, tal y como lo anhelaba Jesús el Cristo, a quien no hicimos caso hace 2,000 años. Creámosle hoy. Sigámosle hoy. Vivamos el Amor de Jesús el Cristo hoy, y retomemos su esfuerzo por dar a todos el Reino de Dios. Trabajemos sin descanso por limpiar todas nuestras debilidades y defectos, aceptándolos y mejorando. Pongámonos en manos de la Gracia para que podamos seguir ascendiendo hacia el Padre. Logremos hoy el sueño tan anhelado de los héroes de la Historia de la Salvación y valoremos su sacrificio por darnos un mundo mejor; hagamos de éste un planeta ejemplar. Seamos perfectos, como Dios lo es.

Les enviamos un cordial agradecimiento a todos aquellos quienes se entregaron por darnos un planeta de Amor.

Atentamente

Gudai-Shambhala