Los seres humanos nos protejemos con máscaras de soberbia que impiden que mostremos nuestro verdadero ser
CDMX, 25/7/2017. Unos días después de su cumpleaños, Ramavayan se reunió con Patricia (M. Magdalena) para hacer un trabajo especial "con rosas violetas". Patricia le comentó que, hacer una concentración con dichas flores podría resultar muy fuerte, pero a nuestro líder cualquier reto energético se le hace emocionante, sin importar las consecuencias que esto pueda traer (como le he dicho en varias ocasiones: él es un jambado espiritual, un guerrero "sin remedio" —y siempre reímos de esto). Así que ellos se dispusieron a ir a meditar, y se dirigieron a un sitio de poder que contaba con la energía requerida.
Entre los elementos que querían añadir a esta meditación, estaba un licor de hierbas el cual habían escuchado que haría más efectivo el trabajo, ya que era producido por unos monjes franceses utilizando una selección de verduras muy particular —lo cual añadía otro factor emocionante a la concentración que efectuarían. La bebida a la que se referían era el Chartreuse, el cual compraron y comenzaron a probar mientras colocaban las rosas a su alrededor, como se los indicaron los Maestros. Sin embargo, en lo que pasaban los minutos, Ramavayan se tomó la mitad de la botella —le gustó mucho el sabor— y, después de concentrarse unos instantes, vomitó encima de nuestra compañera y se quedó dormido.
Patricia comentaría después que, al estar nuestro líder integrando las cargas energéticas que se movieron con el apoyo de las rosas violetas, él tuvo "pequeñas convulsiones", lo que le ayudará a acomodar su arraigo. Los Maestros posteriormente explicaron: con este poderoso trabajo, enlazamos a Ramavayan con la Tierra, ya que se encontraba "desencajado" (seguramente porque así convenía a los propósitos de nuestra misión). A pesar de la resaca que tuvo nuestro líder al día siguiente, la actividad que efectuaron era necesaria para seguirse integrando y para integrar las frecuencias que manejó durante la batalla final.