Los seres humanos nos protejemos con máscaras de soberbia que impiden que mostremos nuestro verdadero ser
CDMX, 9/5/2016. Saliendo del trabajo (Sharover), fui a ver a Ramavayan lo más rápido que pude, a pedirle su apoyo, ya que me atormentaban varias emociones basura que estaba experimentando, producto de la técnica que practico. Amargamente, le confiaba a nuestro líder: me siento triste y deprimido; no sé por qué los Maestros me tienen aquí; me cuesta mucho trabajo sobrellevar el mundo que hicieron los oscuros y no sé cómo cambiar esto, pero Ramavayan me escuchaba atento —igual que lo escucho yo a él—; no decía nada, pero comprendía perfectamente lo que le estaba refiriendo, ya que él ha sufrido eso y más (nota: cuando estamos experimentando un proceso de limpieza personal, nuestros Guías Espirituales también están atentos, escuchando, permitiendo que salgan las cargas que estamos liberando).
Después de que me desahogué lo más que pude, nuestro líder comentó: Luzbel está presintiendo que habrá un terremoto en la costa oeste de Estados Unidos (tal y como se lo dirían a Ramavayan días después). Ella percibió claramente el acontecimiento, y que afectará severamente a la economía norteamericana, por eso me dijo: "si nos organizamos y trabajamos en equipo, podremos sacar adelante a nuestras familias en esos momentos difíciles; percibo que va a haber muchos abandonos por ese terremoto" —le dijo (nuestro líder después me diría que ella percibe que esa tragedia también ocurrirá en Orlando, Florida, lo cual se nos hizo extraño, ya que las fallas geológicas principales del continente americano se encuentran cerca del Pacífico)*.
Estando con Luzbel efectuamos una concentración para mejorar nuestra posición económica —comentó Ramavayan; descubrí que, en mi interior, tenía miedo de ser millonario, por lo que nos dispusimos a retirar esa emoción basura, además de que ella sacó de mi cuerpo una energía de calor extremo que me estaba sofocando —refirió.
Así como Ramavayan me escuchó a mí, ahora le tocó a él quejarse de su esposa: el otro día la señora (que es demonio) escondió mi teléfono; estuve llamando y llamando para ver dónde estaba el aparato, pero no alcanzaba a escucharlo; después de un tiempo lo localicé, estaba en el cuarto de mi hija, atrás de la cama; yo nunca entro a esa recámara, se ve que la dama lo aventó entre el colchón y la pared... Entonces me explicó otras costumbres que tiene su cónyuge y que son muy desagradables: parece que lo hace para fastidiarme; a ella siempre le doy dinero, pero malgasta el agua, deja abierta la llave y, cuando me doy cuenta, se está desperdiciando el vital líquido; en otras ocasiones abre una hornilla de la estufa, deja el gas liberándose hasta que se vacía el tanque (nota: sin tomar en cuenta lo peligroso que es esto); también me he dado cuenta de que deja prendida la luz de las habitaciones toda la noche (y el recibo de la compañía de luz llega altísimo). Con todo esto, después de todo lo que me ha bloqueado y afectado mi esposa, ¿cómo iba yo a poder salir adelante? —cuestionó amargamente.
Cuando nos disponíamos a meditar, nuestro líder me dijo que Luzbel se sintió triste recientemente por todo lo que va a ocurrir en San Francisco, California: pobrecitos, van a sufrir mucho —repetía ella una y otra vez. Sin embargo, nuestro líder le explicó que este evento —si ocurre— será un pago importante y una limpieza profunda que recibirá esa sociedad, que ha perjudicado mucho a la humanidad. Entonces nos relajamos, nos sentamos erguidos e hicimos un trabajo para que se nos quite todo el sufrimiento que produjo nuestra misión en estos últimos años. Al terminar, le dijeron a nuestro líder: lo de San Francisco sucederá pronto; la sesión finalizó cuando el vencedor del armagedón expresó: sin embargo, tenemos que aprender a fluir con nuestro destino; eso es lo más importante —finalizó.